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03. Principio No estás solo

Casi todos luchamos contra la lujuria en cierto nivel, y un gran porcentaje ha caído también en este tipo de conductas. Rabí Wolbe, z”l, en su Libro “Psiquiatría y Religión” (pág. 82) escribe: “La etapa difícil de la adolescencia es el terreno fértil para los sentimientos de culpa, especialmente para los adolescentes religiosos. La masturbación es una prohibición muy seria. Sin embargo, casi todos los adolescentes caen en esto y encuentran de todos modos la fuerza para superarse”. (Para más información, ver herramienta 5 en la Primera Parte de este Manual). Incluso los tzadikim (los justos) de generaciones anteriores lucharon en este aspecto (como mencionan: “los pecados de su adolescencia”); entonces nos podemos imaginar que aquellos que buscan la pureza en una generación como la nuestra, ¡se encuentran verdaderamente entre los grandes guerreros de Hashem! En la comunidad de Cuida Tus Ojos (G.Y.E.), uno puede encontrar miles de judíos religiosos como uno mismo, tratando de luchar en este aspecto. En nuestro foro vivo y dinámico en www.cuidatusojos.org/foro, personas como tú intercambian preguntas y un montón de jizuk (apoyo y refuerzo), envían registros de sus progresos, y comparten experiencias y esperanzas. También se pueden leer en nuestro sitio en la web las muchas historias que revelan todo lo que tuvieron que pasar otras personas y cómo lograron superarse.

19. Principio Por una caída no perdemos lo que ganamos en el pasado.

Si intentábamos mantenernos limpios y de pronto tenemos una caída, hay que saber que no perdimos nada de lo que ganamos hasta el momento de la caída. Simplemente, debemos levantarnos y continuar desde donde dejamos. El Steipler le dijo una vez a una persona que se quejó acerca de lo difícil que es esta batalla: las veces que fracasamos se borran, pero cada vez que pasamos una prueba, ello representa un kinyán (adquisición) que es nuestro para siempre. Incluso si logramos sobreponernos una sola vez al principio, ese triunfo inicial nos permitirá liberarnos por completo.
El Báal HaSulam cuenta esta hermosa parábola:
Una vez, un rey tenía un buen amigo a quien no veía desde hace mucho tiempo. Cuando este amigo, que resultó ser una persona pobre, finalmente regresó, el rey estaba tan feliz de verlo que le pidió a su tesorero que lo llevara al tesoro real y ¡que le diera una hora en la que pudiera tomar todo el dinero que quisiera! Entonces, lo llevaron al tesoro y le dieron una bolsa que el hombre pobre comenzó a llenar con monedas de oro hasta que no pudo meter más. Lleno de gratitud y felicidad, el hombre pobre ya emprendió su marcha, pero cuando ya estaba en la puerta, los guardias le dieron una patada a la bolsa y las monedas se desparramaron por el piso. El hombre, confundido, miró su reloj y vio que todavía le quedaba mucho tiempo hasta que terminara su hora. Entonces, rápidamente regresó al tesoro y comenzó a llenar otra vez la bolsa con monedas. Pero cuando ya la bolsa estaba llena y él estaba a punto de irse, los guardias volvieron a darle una fuerte patada a la bolsa y todo salió volando. El hombre sin saber qué hacer y viendo que todavía le quedaba tiempo, se rehusó a darse por vencido y regresó al lugar para volver a llenar la bolsa.

El mismo escenario se repitió una y otra vez: los guardias seguían dándole una patada a la bolsa y todo se desparramaba por el piso, hasta que el hombre se dio cuenta de que simplemente estaba desperdiciando su tiempo.
Finalmente, se le acabó el tiempo y los guardias arrastraron al pobre hombre fuera de la habitación con su bolsa apenas un poco llena.
Pero de pronto, el hombre pobre miró hacia arriba y vio un vagón cargado de monedas de oro que estaba frente a él. Y mientras estaba parado allí, pensando para quién sería todo ese dinero, vio al rey que venía a saludarlo con una gran sonrisa. El rey le dijo que todo el vagón cargado de monedas de oro era para él, y le explicó que todas las monedas que había juntado y que pensaba que había perdido fueron guardadas para él. ¡El rey había ordenado a los guardias que le vaciaran la bolsa una y otra vez para que él pudiera llegar a juntar muchas más monedas en la hora que se le había asignado!
La enseñanza es clara. Incluso si caemos y sentimos que hemos perdido todo y volvemos a comenzar de cero, debemos saber que Hashem lo hace para que nuestros “recipientes” vuelvan a vaciarse y podamos volver a llenarlos otra vez más con muchos más logros. Pero los logros de los primeros recipientes que llenamos nunca se pierden: son depositados en nuestra “cuenta de banco espiritual”.
Entonces, si te estaba yendo bien y de pronto, tienes una caída, ¡no te desesperes! Confía en que Hashem tenía mucho nájat rúaj de tus logros espirituales, pero quería que pasaras al próximo nivel, y entonces te presentó estas trampas, aun sabiendo que ibas a caer. Lo que hace que la persona sea grande es su capacidad para levantarse de sus caídas. ¡Y precisamente al tener que renovar nuestra determinación desde bien abajo, somos lanzados a tener una relación mucho más cercana con Hashem como nunca antes la habíamos tenido!
En lugar de deprimirnos tras tener una caída, reflexionemos cuántas veces pudimos decirle “No” al Yetzer Hará antes de que él nos gane. Contemos las diez, si no las cien veces de nuestra racha “limpia” en el pasado en la que no nos entregamos al Yetzer Hará. ¡Definitivamente, en esta batalla tenemos las de ganar! El Yetzer Hará está decidido a hacernos sentir mal para que continuemos cayendo. Pero concentrémonos en toda la escena. Aunque hayamos perdido ahora una batalla, todavía seguimos ganando la guerra. ¡Regocijémonos en nuestros éxitos y preparémonos para el próximo “round”, en que si D’os quiere, lo haremos mucho mejor!

04. Principio La decisión depende totalmente de nosotros

El Gaón de Vilna dice que lo que una persona dice que quiere, o incluso, lo que siente que quiere, no tiene ninguna relación con lo que realmente quiere. Al Yetzer Hará se le dio permiso para hacer que una persona sienta que quiere algo que realmente no quiere. Y lo mismo se cumple con lo que una persona siente que puede o no puede hacer. Esto no tiene ninguna relación con lo que en realidad puede o no puede hacer. Entonces, ¡siempre cree que vas a tener éxito aunque sientas que no vas a poder lograrlo!
El obstáculo más grande en el éxito es no creer que uno puede llegar a triunfar. El primer obstáculo para poder ganar esta batalla no se encuentra en nuestros genes, nuestra niñez o nuestro entorno. Si tú crees que puedes tener éxito y quieres hacer el esfuerzo, entonces encontrarás la manera de hacerlo. Absolutamente nada se interpone en el camino de una RATZÓN (voluntad) verdadera. En nuestro sitio en la web, se encuentran publicadas historias de recuperación, que nos muestran que aun personas en condiciones peores que la tuya han logrado liberarse de estas conductas adictivas.
Debemos verdaderamente querer salir de este Mitzráyim. Jazal dicen que aquellos que no quisieron salir de Mitzráyim murieron en la plaga de la oscuridad. Desde el comienzo de nuestro viaje, debemos estar decididos a que nunca nos daremos por vencidos y que siempre seguiremos intentándolo, sin importar nada.
Rabí Tzadok HaKohén de Lublin escribe (Tzidkat HaTzadik 154): “¡Así como uno debe creer en Hashem, así también debe creer en sí mismo!” Hashem quiere que CREAMOS en nuestras fuerzas, nuestras capacidades y en nuestra habilidad para poder superar lo malo y alcanzar la grandeza.
Aunque sintamos que estamos trabados, la decisión está completamente en nosotros. El truco para el éxito verdadero es querer lo suficiente. Entonces, seamos sinceros con nosotros mismos. Si descubrimos que no queremos deshacernos de la lujuria por completo, entonces, debemos preguntarnos: “¿Por qué no? ¿Necesitamos realmente ir detrás de ese apetito sexual descontrolado? ¿Qué beneficio nos da?” ¡Hay tantas cosas mucho más importantes en la vida! Cuando tratamos de aferrarnos al veneno de deseo sexual, estamos actuando como pequeños bebés que patalean y gritan cuando el padre les quiere quitar las pastillas de colores que son

medicamentos y que ellos pensaron que eran caramelos. ¡La lujuria es un veneno! Si continuamos alimentándola, terminará por acabar con nuestras vidas. Dejemos que nuestro Padre nos la quite de nuestro medio.

20. Principio La experiencia se construye sobre nuestras equivocaciones

“La persona que nunca hizo nada mal, nunca hizo nada”. La experiencia que hace que el hombre a la larga sea un hombre de éxito se adquiere siempre a través de sus fracasos iniciales. La diferencia entre una persona exitosa y una persona fracasada no radica en el número de veces que la persona cayó, sino en el número de veces que se volvió a levantar. La persona exitosa siempre se levanta una vez más, mientras que no sucede lo mismo con la persona fracasada. Nuestros Sabios dicen: “La Torá no puede ser cumplida sino por aquel que haya caído en ella primero”. Las caídas son parte de la batalla, y a través de ellas aprendemos a construir vallas, a aprender mejores estrategias y convertirnos, por último, en mejores seres humanos.

05. Principio Sin dolor, no hay beneficio.

Por naturaleza, nos sentimos atraídos hacia aquello que nos hace sentir bien y que no produce dolor. En ese sentido, no somos diferentes de las vacas. Los animales no entienden que una experiencia dolorosa puede ser beneficiosa. ¡Trata de explicarle una cirugía a una vaca! El placer y el sufrimiento son partes de la vida. Pero debemos elegir qué placeres queremos y qué sufrimientos queremos. Y la elección es entre el placer falso que nos ofrece el deseo sexual o los placeres que Hashem quiere que tengamos, que son infinitamente mucho más grandes. ¿Nosotros elegimos el dolor del “ejercicio” espiritual o el dolor del Yetzer Hará haciéndose más fuerte?
Como señalamos en la herramienta 1 del manual, el Steipler señala que todo aquel que se mantiene alejado de todos estos placeres prohibidos, se le promete que va a recibir los placeres de la vida por otros medios, en otras áreas. Y continúa diciendo que todo aquel que acepta el sufrimiento que implica la liberación de esta conducta adictiva, se salvará de otros sufrimientos en otros aspectos de la vida.
Si decidimos que no importa cuán doloroso sea y que nosotros no vamos a darnos por vencidos -incluso aunque sintamos que nos estamos muriendo- Hashem nos quita el dolor y todo se nos vuelve más fácil.

06. Principio Convirtiendo la liberación en nuestra prioridad máxima

No se logra algo que valga la pena sin invertir en trabajo arduo. Uno de los más grandes obstáculos que le impiden a la persona cambiar es la idea que puede hacerlo sin la necesidad de invertir tanto. Vivimos en una generación donde los resultados son instantáneos, y esperamos que todo lo que tenga que suceder, suceda rápido. Muchas veces nos olvidamos que todo nuestro propósito en este mundo es crecer y mejorarnos. Tendemos a considerar cualquier debilidad que tengamos como un “inconveniente” que debe ser sacado del camino (o ignorado), cuando en realidad es el mensaje personal de Hashem que nos está diciendo exactamente el motivo por el cual Hashem nos mandó a este mundo. Y se encuentra escrito en los Libros (como en Tzidkat HaTzadik #49 y #181) que las cosas con las que más luchamos en la vida son las mismas cosas por las que vinimos a este mundo a reparar.
El Gaón de Vilna (Séfer Yoná 4:3) habla sobre los Guilgulim – reencarnaciones (un guilgul significa que el alma vuelve a este mundo después de una vida previa), y explica que toda alma posee algo importante que debe reparar -en el mismo aspecto que echó a perder en su vida anterior- por cuya razón volvió a este mundo. El Gaón de Vilna se pregunta: ¿Cómo podemos saber cuál es el propósito del Guilgul de nuestra alma? Él contesta que lo podemos saber alobservar qué pecados cometemos con más frecuencia y cuáles son las tentaciones tras las cuales nos dejamos llevar.
Entonces, si por ello bajamos a este mundo, hagamos que el crecimiento en este aspecto sea lo más importante de nuestra vida.

07. Principio Una satisfacción verdadera vs. Una satisfacción falsa

El trabajo y la misión del Yetzer Hará es causarnos daño y para hacerlo recibió permiso para utilizar el placer y el “sipuk” (la satisfacción) como un medio de engaño y así lograr causarnos daño. De lo contrario, ¿cómo es posible que pudiera llevar a cabo su misión? Debemos entender que sus medios de seducción son como los de un terrorista que nos ofrece una porción de torta para embaucarnos. Sabemos que ofrecernos torta no es su intención, sino que su objetivo es utilizar la torta como un medio para causarnos daño de alguna forma. Sólo el placer que se encuentra ligado a la verdad tiene kiyum (permanencia) porque permite completar una mitzvá (precepto); por ejemplo, el comer carne en Yom Tov o el disfrutar el Shabat. Pero el placer que se encuentra ligado a la mentira no tiene kiyum, lo cual explica por qué cuando el placer se termina no sentimos ninguna satisfacción. Y tampoco hablamos de ello con quienes nos aman, con quienes quieren lo mejor para nosotros, porque sabemos que sólo está ahí para dañarnos. Y esa también es la razón por la cual volvemos a desearlo poco tiempo después, aun cuando ya lo tuvimos. Después de todo, si era verdad, ¿por qué ya no está allí? Sentimos un vacío y entonces buscamos volver a llenar ese vacío con otro falso sipuk (satisfacción).

08. Principio “Con astucia, haz tu batalla” (Proverbios 24:6)

Existen muy pocas probabilidades de que podamos luchar contra el Yetzer Hará cara a cara. Como escribe el Or HaJayim (parashat Ajaré Mot): La única manera de ganar la batalla es cuidando diligentemente nuestros ojos y pensamientos. Cuando ya tengamos estos pensamientos en nuestra mente, y especialmente cuando ya tengamos estas tentaciones frente a nuestros ojos, será muy tarde y no podremos controlarnos.
Hay una serie de historias que se encuentran en la Guemará Kidushín (80a-81a), donde Hashem les demostró el poder del Yetzer Hará a algunos Tanaím que habían menospreciado su influencia. La Guemará cuenta que el Satán se presentó ante Rabí Akivá bajo el aspecto de una mujer seductora en la cima de un árbol. Él sintió tanto fervor hacia ella que no se pudo resistir, y comenzó a escalar el árbol, rumbo a cometer el pecado. A mitad de camino, la mujer se volvió a convertir en Satán y le dijo: “¡De no haber sido que se dijo en los Cielos que se debe respetar a Rabí Akivá y sus enseñanzas, te hubiera quitado la vida!” Hay una historia similar respecto a Rabí Meír en que este se puso a nadar para cruzar un río y pecar con una mujer que había visto del otro lado, pero cuando ya estaba a mitad de camino, la mujer volvió a convertirse en el Satán, reprendiéndolo con las mismas palabras. De estas historias aprendemos que es casi imposible poder pasar estas pruebas cuando la persona se encuentra enfrentada cara a cara con un deseo sexual.

Por lo tanto, para salir triunfante en esta batalla, debemos evitar pelear contra el Yetzer Hará cara a cara. Así como los terroristas generalmente tienen éxito porque no se enfrentan cara a cara con un ejército grande, nosotros también debemos intentar aplicar la táctica de batalla de guerrillas y anular al Yetzer Hará. El enfrentarlo cara a cara nos llevará, sin ninguna duda al fracaso. Por lo tanto, debemos construir vallas que nos ayuden a evitarlo. Para aprender qué vallas debemos construir, debemos comenzar por preguntarnos ¿cómo es que es que la Inclinación Maligna ha podido tener tanto éxito hasta hoy en día? ¿Cómo es que logra hacernos caer? ¿Cómo trabaja nuestra mente en las diferentes situaciones de la vida a las que nos enfrentamos? ¿Cómo utilizamos nuestra mente para pensar y procesar información? ¿En qué contextos se detona nuestra lujuria? ¿Cuál es nuestro estado de ánimo cuando ello sucede, y en qué situaciones comenzamos a experimentar nuestra debilidad?
Cuando nos analizamos a nosotros mismos en forma honesta (y muchas veces es muy útil si estudiamos nuestras conductas como si fuéramos una persona diferente que nos observa de afuera), podemos saber cómo la Mala Inclinación trabaja con nosotros. Entonces podremos anular al Yetzer Hará y evitar que nos libre una batalla cara a cara. Finalmente, debemos aprender a tratar de ni siquiera entrar en discusión con él. En lugar de librar una batalla directa con él, debemos aprender cómo caminar alrededor de él.

16. Principio Obtener apoyo después de una caída.

Cuando experimentamos una caída, nunca debemos dejar que ella nos hunda. Si nos deprimimos estamos haciendo exactamente lo que el Yetzer Hará quiere de nosotros, y ello lleva a un ciclo vicioso de continuas caídas.
La verdadera prueba de un servidor de Hashem es precisamente cuando Hashem le quita todo, así como cuando la persona cae y no siente inspiración, no siente emoción y no siente hitlahavut (entusiasmo). Ese es el momento de la verdad cuando una persona se puede preguntar honestamente: “¿Soy un servidor de Hashem porque es mi naturaleza y/o porque me mantiene emocionalmente feliz, o yo sirvo al Todopoderoso porque esa es Su voluntad y no por otra cosa?”
El Rebe de Lubavitch (un alumno del Rebe Shelomó de Karlin) llegó a decir que si una persona mata a otra y del cuchillo todavía gotea sangre, y la persona se siente incapaz de pararse y rezar Minjá (el servicio de rezos de la tarde) con todas sus fuerzas y con todo su corazón, ¡entonces todavía no probó de las aguas del Jasidut!
El Beer Maím Jaím dice que cuando en el ejército querían probar a un gran soldado para ver si era apto para ser general, lo ponían sobre un caballo salvaje del cual era imposible no caerse. Aunque nadie podía mantenerse sentado sobre ese caballo por mucho tiempo, la prueba era sólo para ver cuánto tardaba la persona en levantarse y recuperarse después de salir despedido del caballo y quedar herido.

15. Principio Hashem mira nuestros esfuerzos y no los resultados.

Hashem no busca que alcancemos grandes logros y éxitos. Si es que logremos alcanzar el éxito completo o no, es en definitiva Su asunto. Todo lo que Él pide de nosotros es que cada día nos fortifiquemos un poquito más y hagamos lo que está dentro de nuestras posibilidades en este sentido. Nuestra batalla con el Yetzer Hará es más importante para Hashem que nuestro logro final de habernos liberado de él. Hashem tiene suficientes Malajim (ángeles) grandes y poderosos en el Cielo, pero sólo los seres humanos son los que luchan con el Yetzer Hará y le producen a Hashem nájat rúaj (satisfacción) a través de ello.

Del libro Menujá uKedushá, escrito por un alumno de Rabí Jaím Volozhiner, se aprende que incluso una persona que peca durante toda su vida puede seguir siendo considerada un tzadik, con tal que nunca se dé por vencida y siempre continúe luchando. A nosotros nos gusta siempre pensar en el éxito en términos de resultados. Pero Hashem mira nuestro esfuerzo y no los resultados.