Un día en la vida de un soldado GYE.

Un día en la vida de un soldado GYE.

Por N8
GYE Member (See all authors)

Estoy a bordo del subterráneo hacia el trabajo en Manhattan. Hacen 77 grados afuera, es un día hermoso de cielo azul. Llevo siete días estando limpio desde mi última recaída y tuve quince días limpios antes de ello así que estoy en un humor poderoso, fuerte y animado como si nada pudiera quebrarme. Todos hemos tenido esa sensación de seguridad antes.
Abro mi aplicación móvil: uVelejteja BaDerej (y andaras en su camino) y comienzo a recitar Tikkun Haklali – ¡Es el día 37 de mi meta de cuarenta días! ¡Qué emocionante! Si HaShem lee la escritura, ¡la Yeshua debe ser inminente!
El tren se detiene, mis ojos miran alrededor. Oh no ¿Estoy en el baño de las damas? ¿Qué ocurre a mí alrededor? ¿Son cosas mías o los shorts se acortaron el último verano?
Bajo mi mirada de vuelta a mi iPhone. Selecciono mi etiqueta de Mishnayos, recordando las enseñanzas recibidas por el Mekubel Reb Dovid Chaim Stern Shlitah, para memorizar Mishnayos Baal Peh para Shmiras Einayim. Comienzo a pensar Arba Avos Nezikin…
El tren se detiene. Una mujer se sienta a mi lado – ¿Esto en un club de strippers? ¿Por qué tiene puesto cosas tan reveladoras? Ugh, es tan ofensivo para mí; mi sangre hierve. Pero debo dejar de estresarme por los demás y concentrarme en mi persona. Bajo mi mirada nuevamente y continuo, Hashor, Habor, Hamaveh…
Alguien recolectando dinero hace un anuncio, miro al otro lado del vagón y repentinamente ¡mis ojos no tienen descanso! Mi mirada salta de una mujer a la siguiente, mi Yetzer Harah urgiéndome a seguir, llenándome de pensamientos que no quiero retener.
¡Por favor HaShem, ayúdame! ¿Porque debo sufrir así? Trato tan duro de proteger mis ojos ¿Por qué veo todo este desastre?
Me calmo, y bajo mi mirada a mi iPhone. Abro mi pestaña con Halajot y continúo mi lectura donde me quedé el día anterior, Hiljos Netilat Yadayim…
El tren llega a la calle 14, me bajo. Subo las escaleras, mis ojos hacia abajo tratando de evitar ver más indecencia. Para mi pesar, descubro que hay cosas que ver abajo también. ¿Soy un ser humano tan enfermo? ¿Por qué esas cosas me encienden o me excitan? Me siento avergonzado de mis pensamientos.
Llego a la siguiente plataforma y abordo el tren hacia la zona alta de la ciudad donde está mi oficina. Me siento y saco mi copia del ‘Jardín de la Paz’ de mi bolso, emocionado de continuar leyendo más sabiduría de cómo mantener un matrimonio kosher y como ser un verdadero hombre en el Judaísmo. Leo un párrafo… y nuevamente me encuentro distraído por las infinitas atracciones del subterráneo de Nueva York. Vamos, contrólate. Me levanto y me acerco a las puertas listo para bajarme en la próxima parada.
Tan solo son las 8:52 de la mañana y me siento desgastado por los pasados cincuenta minutos peleando en el frente. ¿Cómo voy a lograrlo en los próximos cincuenta minutos, o durante el día o mes de esto? Mi corazón late fuertemente y quiero gritar y saltar. Odio mi vida ¿Por qué sufro así cada momento? ¿Por qué es tan difícil ser simplemente una persona normal y sin luchar?
Retomo el control de mis pensamientos y HaShem envía un rayo de fuerza a través de mi ser y me doy cuenta que todos los que luchan en el ejército GYE están experimentando la misma pelea. Mi misión en este mundo es pelear este mal y HaShem solo quiere que lo intente y luche cada batalla como vienen. No te sientas mal si perdiste algunas batallas en el camino, hay muchas victorias en el horizonte.
Salgo de la estación en la calle 42 y marcho al trabajo como un judío orgulloso, sabiendo que soy un general en el ejército de HaShem de luchadores GYE.

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