Pues tú eres nuestro Padre.

Pues tú eres nuestro Padre.

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Queridos hermanos y hermanas, compañeros luchadores.
Es doloroso ser un luchador. Lo sé de primera mano. Pero también es una parte de nosotros lo que nos dará mucha fuerza interna, sensibilidad hacia otros y con optimismo, verdadera alegría.
Hoy, tras dos semanas de abstenerme de la masturbación; dos semanas en la cima del triunfo, con la sensación de la santidad y la felicidad que viene del autocontrol, me dije que yo era una Neshama (alma) santa, un Yehudi – que no permitiría que esto me venciera y me destruyera, que no me dejaría dominar por esto sin importar lo que ocurriera. En Yiddish hay una expresión relativa al concepto de Mesirut Nefesh (sacrificio del alma): אזוי און ניט אנדערש, que se traduce crudamente como “de ninguna manera”. La abstinencia de la Avera (prohibicion) es Mesirut Nefesh. No debería tomarse a la ligera. El Mesirut Nefesh significa que me dejo a un lado para Hashem, por la verdad y la santidad. Y eso es exactamente lo que hacemos cada vez que nos abstenemos.
En estas dos semanas me he sentido increíble. Sentía que estaba en control, que cuando pensé en mi matrimonio, pude respirar nuevamente, y pensar en mí mismo como alguien saludable y normal en una travesía hacia la recuperación.
Eso fue hasta hoy. Me derrumbé. Estoy seguro que todos saben el dolor desgarrador que está involucrado en ese momento – en la decisión de rendirse o no rendirse. Tuve momentos donde no solo casi lloré luego de rendirme, sino mientras me rendía. En el momento no ves la lógica con claridad y todo se vuelve oscuro. Literalmente me dije a mi mismo en voz alta “¡No! ¡No lo haré!”. Y de alguna manera, unos minutos después, “Lo estoy haciendo, Hashem, me estoy entregando”. Y luego todo había terminado y no importaba cuanto me había preparado mi terapeuta para este momento, me sentí terrible de todas formas. Más que terrible, sentí un miedo profundo. El miedo de ser una persona de 18 años de edad que sabía que debía internarme pronto en un programa de 12 pasos.
En ocasiones, luego de recaer, no podía siquiera Rezar. Me sentía un hipócrita, un hipócrita impío. Mientras me equivoco por pensar tal cosa. Tengo razón en el sentido de que el pecado si nos insensibiliza ante la divinidad.
Pero esta mañana fue distinto. Sentí una cercanía muy profunda a Hashem como nunca antes. No estaba enojado con Hashem y en verdad sentí gratitud por El, al permitirme ganar y triunfar, y saber que lo pude hacer tantas veces. Había visto una pequeña parte de la verdad y acercamiento en estas dos semanas, una parte que no podía perderse jamás. Pero tenía miedo. Como un niño llorando, buscando a su padre grité “Tatty (papa), Tengo miedo. Ayúdame”. Y luego vinieron las lágrimas.
“¡Shema Yisrael, Hashem Elokeinu Hashem Ejad!” Imaginé a Moshe Rabbeinu gritado estas palabras, implorando Bnei Yisrael, “¡Escucha, querido Yehudi, esto no es de lo que se trata todo! No es sobre las mentiras y la basura que nos alimenta todo el mundo a diario. No es acerca de la indecencia a la que nos aferramos porque todo el mundo se aferra a ello, llamándolo “normal y saludable”. Pensé en toda la gente que estaba confundida. Pensé en haber sido Zoje (meritorio) para pasar Purim en Yerushalayim. Lloré mientras le preguntaba a Hashem por el Mashiaj “¿Por qué es que te escondes? ¿Sabes cuánto nos lastima? ¿Por qué es que hay tantos en la ciudad más santa que están confundidos respecto a lo que es Purim – quien cree que es el momento para embriagarse y bajar la guardia? ¿Por qué cuando incluso la ciudad antigua está llena de estas gentes y los únicos que reconocen tu unión son los que estamos al lado de tu muralla? Ayúdanos. Sácanos de aquí”.
Sigo un poco asustado. Pero sé que yo podré salir de esto totalmente. Completamente. Que podré sanar y que seré capaz, espero, de sanar a otros.
Podemos hacerlo. Hashem está con nosotros. Eramos aquellos “Meritorios” que vivian en la generación antes de Masiaj a los que se les confió la lucha contra el reto más difícil, muchos bastante significativos para el tiempo justo antes de Mashiaj, signos de que estábamos en las profundidades de la oscuridad y necesitábamos salir. Hashem obtiene tanta satisfaccion al observar nuestras victorias. Si Hashem está con nosotros y damos nuestro mejor esfuerzo, lo lograremos y traeremos al Mashiaj.
En una nota algo aleatoria, me gustaría sugerir que todos se conecten a un Tzadik, cualquier Tzadik. Un Tzadik es una manera de conectarse a Dios en un nivel muy profundo. Yo tengo el beneficio de estar conectado a un Tzadik que me da fuerza y claridad. Siento muy intensamente que al hacer esto uno obtiene algo que no se puede obtener al ir directo hacia Hashem, y que es real, y que hay una relación tangible. Conectarse y relacionarse con un Tzadik que pueda identificarse con Hashem en una manera real y personal nos ayudará a identificarnos con Hashem en una manera real y personal.
Por favor, Dios, que todos tengamos los méritos para presentarnos ante ti con nuestro ser divino intacto y ser capaz de atravesar todas estas barreras y desafiar todas las limitaciones completamente. Un Yehudi no está limitado por nada. L’jaim (salud!), queridos hermanos y hermanas. Tenemos la fuerza. Tenemos la claridad de ser Yehudim. Tenemos a Hashem mismo.
Podemos hacerlo.

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