Como esposa les digo: ¡Busquen ayuda!

Como esposa les digo: ¡Busquen ayuda!

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La pornografía arruinó a mi ex esposo. La pornografía me arruinó. Estuve casada por seis años y medio. Mi esposo ya tenía una adicción a la pornografía antes de casarnos. Desde que nos casamos, me di cuenta que algo estaba muy mal. Mi esposo me criticaba constantemente y me humillaba. No era lo suficientemente bonita, lo suficientemente sexy, o lo suficientemente atractiva. Nunca gustaba de mi ropa. El sexo se sentía incómodo, era escaso y sentía que me estaban castigando.
Era difícil para el tener una erección. Era joven e ingenua. Sabía que nuestra relación no era buena pero no podía identificar cual era el problema exactamente. Las noches del Mikvah no significaban nada para mi esposo; no se interesaba, no se emocionaba, y muchas veces no intimábamos después del Mikvah. Las críticas se volvieron más y más frecuentes. Él hablaba de implantes mamarios e inyecciones de crecimiento hormonal. No puedo describir el nivel de abuso verbal que me hizo; me hizo sentir como la persona más fea del mundo, sin valor e incompetente en todas las áreas de la vida. Cuando le dije que debíamos hablar con un Rav sobre nuestra situación, se negó. Sin embargo halló en sí mismo la voluntad para confesar que había estado viendo pornografía y se masturbaba con frecuencia.
Me dijo que iba a dejar de ver porno y que le gustaría arreglar el matrimonio. Aceptó buscar ayuda. Por seis años mientras buscaba, nunca dejó de ver pornografía o detuvo sus ataques, abusando de mí de manera verbal y emocional. Es indescriptible todo lo que me hizo. Él estaba en una especie de coma, completamente absorto en sí mismo, era egoísta y distante a nivel emocional. Estuve todos esos años sola.
Era su criada perfecta. Era la clase de esposa que lo trataba como un rey: Me encargué de todas sus necesidades, cociné su comida preferida, lavaba su ropa perfectamente, le daba regalos e intenté incitarlo a que se ayudara a sí mismo y fui muy solidaria y traté de apoyarlo para que dejara ir su lujuriosa adicción y todo lo que le importaba a él era que yo no podía compararme con su MUNDO FANTASIOSO DE LA PORNOGRAFÍA.
Tuvimos un niño juntos, pero él no era el padre de este niño. No tenía una relación con él en lo más mínimo. Tenía una relación con el PORNO, no con la gente. No hace falta decir que él no era un Yehudi cuando vivimos juntos. Él había trabajado con muchos terapeutas a lo largo de estos años. Nada ayudó. Constantemente lo hallaba viendo pornografía. Se volvió cada vez más distante y se alejo de su Judaismo. Nunca fue al templo y también dejó de ir a los Shabatot. Luego de seis años viviendo así. Me di cuenta que no podía soportarlo más y nuestro matrimonio colapsó.
La separación fue un gran impacto para mi ex esposo. Dejó su iPhone y comenzó a trabajar en el programa de doce pasos y fue a un terapeuta sexual. También comenzó a asistir a la sinagoga. Lloró mucho por el daño que había causado y reconoció que había pecado tanto y que me había maltratado mucho a causa de su adicción.
Les escribo a ustedes, muchachos: No esperan a que sea demasiado tarde, hasta que el daño es irreversible. Tienen el poder si así lo desean. Mi ex esposo tuvo que caer muy bajo para ayudarse. ¿En verdad quieren separarse de sus seres queridos? ¿Quieren vivir la separación y el divorcio para comenzar a desarrollar verdaderas relaciones con la gente y su propia sangre?
¡Busquen ayuda justo ahora y justo aquí! Ustedes necesitan ayuda, ¡pero necesitan tener la determinación de ayudarse a ustedes mismos! Les escribo porque me importa. Me preocupo por ustedes, sus esposas, y sus hijos. Y no quiero que vivan el dolor de la misma manera que yo lo viví.

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